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La otra cara de la maternidad: carga mental y consumo silencioso

Actualizado: 2 mar

Convertirse en mamá no es solo tener un bebé en brazos. Es también asumir una lista interminable de responsabilidades visibles e invisibles: citas médicas, vacunas, lactancia, casa, pareja, trabajo, familia política, expectativas sociales… y la presión interna de “hacerlo perfecto”. En medio de todo eso, muchas mujeres empiezan a recurrir a sustancias de forma “funcional” para aguantar: más café del que soportan, alcohol para relajarse, medicamentos para dormir o para bajar la ansiedad. Y ese recurso, que parece inofensivo al inicio, puede convertirse en una forma silenciosa de abuso.

Este artículo no es para juzgarte, sino para ponerle nombre a lo que quizá estás viviendo —o ves en alguien que quieres— y abrir la puerta a pedir ayuda a tiempo.


¿Qué es la carga mental en el embarazo y el posparto?

La carga mental es ese “llenado automático” de pendientes en tu cabeza: todo lo que hay que recordar, organizar, prever y resolver. No solo haces, sino que piensas por todos. En embarazo y posparto, esa carga crece:

  • Recordar citas prenatales, ultrasonidos, laboratorios.

  • Vigilar alimentación, medicamentos, síntomas, movimientos del bebé.

  • Organizar compras, pañales, ropa, pediatra, vacunas, guardería.

  • Coordinar quién cuida al bebé, quién ayuda en casa, qué pasa si te enfermas.

Muchas mujeres siguen trabajando fuera de casa y, al mismo tiempo, llevan casi toda la logística del hogar. Aunque tengan pareja, suelen ser ellas quienes “comandan” la operación. El cuerpo está cansado, las hormonas cambian, el sueño se interrumpe… pero la agenda mental no se detiene.


La trampa de la “maternidad perfecta”

A esta carga se suman las expectativas internas y externas:

  • “Debo disfrutar cada momento, porque el tiempo vuela.”

  • “Si me siento triste o saturada, algo está mal conmigo.”

  • “Una buena madre siempre puede con todo.”

  • “Si pido ayuda, van a pensar que no soy suficiente.”


Las redes sociales muestran maternidades ordenadas, bebés impecables, mamás que se maquillan, se ejercitan, trabajan y sonríen. Compararte con ese ideal hace que el cansancio, la tristeza o la desesperación se vivan con culpa. En lugar de decir: “estoy mal, necesito ayuda”, la frase interna suele ser: “me tengo que aguantar”.


Cuando esa exigencia se mantiene en el tiempo, no es raro que aparezcan ansiedad, insomnio, irritabilidad, llanto fácil o incluso síntomas de depresión perinatal. Y aquí es donde muchas mujeres empiezan a buscar “atajos” para seguir funcionando.


¿Qué es el abuso “funcional” de sustancias?

El abuso “funcional” de sustancias es el uso repetido de algo (legal o no) para poder seguir con la vida diaria, aunque ya esté pasando factura física o emocional. No siempre hablamos de grandes cantidades o de sustancias ilegales. Puede verse así:

  • La copa de vino “para relajarme y poder dormir” que se vuelve casi diaria.

  • El ansiolítico “solo cuando estoy muy mal” que se empieza a tomar cada vez que hay estrés.

  • Las gotas o pastillas para dormir sin supervisión médica.

  • El exceso de cafeína o bebidas energéticas para “rendir”, a pesar de que te da taquicardia o más ansiedad.

Por fuera, la mujer parece “funcionar”: cuida al bebé, trabaja, cocina, cumple. Por dentro, siente que sin esa sustancia no podría con todo. No se ve a sí misma como alguien con una adicción, porque piensa que eso es “para otras personas, con problemas más graves”. Y sin embargo, algo ya no está bien.


Embarazo, posparto y consumo: ¿por qué es más delicado?

Durante el embarazo y la lactancia, el consumo de alcohol, tabaco, drogas o ciertos medicamentos puede afectar directamente al bebé y aumentar el riesgo de complicaciones médicas. Pero incluso cuando la mujer ya no está embarazada, el posparto sigue siendo una etapa vulnerable:

  • El sueño es fragmentado, lo que modifica la forma en la que el cuerpo procesa sustancias.

  • El cerebro está más sensible a cambios hormonales y al estrés.

  • El vínculo con el bebé se puede ver afectado si la mamá está sedada, irritable o desconectada.

Además, la sensación de culpa es enorme: “además de todo, estoy haciendo algo que le hace daño a mi hijo”. Esa culpa, en lugar de motivar a pedir ayuda, muchas veces empuja más al silencio… y al consumo para anestesiar lo que duele.


Señales de alerta que muchas mujeres normalizan

Algunos indicadores de que el consumo puede estar cruzando una línea —aunque sigas cumpliendo con todo— son:

  • Necesitas cada vez más cantidad para sentir el mismo efecto de calma o sueño.

  • Te molesta cuando alguien comenta o cuestiona tu forma de consumir (“solo es una copa”, “no exageres”).

  • Has ocultado la cantidad que tomas o has tirado frascos, botellas o blisters para que no los vean.

  • Te has quedado sin dormir o al contrario, demasiado sedada, y te preocupa no haber reaccionado si tu bebé te necesitaba.

  • Te prometes “bajarle” pero, en momentos de estrés, vuelves al mismo patrón.

Si te reconoces en varios puntos, no significa que seas “mala madre”. Significa que estás haciendo lo que puedes con las herramientas que tienes… y que quizá ya necesitas otras herramientas más seguras y compasivas contigo.


El papel de la pareja y la familia

La forma en que el entorno reacciona puede ayudar mucho o empeorar todo. Comentarios como “eres una exagerada”, “tú te lo buscaste” o “ya deja de hacerte la víctima” aumentan la culpa y el aislamiento. La mujer aprende a esconder su malestar y su consumo, y eso dificulta cualquier cambio.

En cambio, gestos como estos abren puertas:

  • “Te veo cansada y preocupada, ¿quieres que busquemos ayuda juntas/os?”

  • “No tienes que poder con todo, dime de qué me hago cargo yo.”

  • “No te juzgo, me importa que estés bien. ¿Con quién te gustaría hablar?”

Acompañar sin minimizar ni dramatizar es un arte, y muchas familias necesitan también orientación para hacerlo. No se trata solo de “que ella deje de consumir”, sino de reorganizar la carga mental, los cuidados y la forma en que se comunica el estrés dentro de la casa.


Pedir ayuda sin sentir que te van a encerrar

Uno de los grandes miedos de muchas mujeres es: “si digo lo que está pasando, me van a querer internar, van a pensar que soy un peligro para mi hijo” o “voy a perder mi trabajo, mi reputación, mi vida”.

Sin embargo, cuando el problema se detecta en fases de abuso o consumo problemático —antes de llegar a una adicción severa— hay alternativas de tratamiento que no requieren internamiento y que se adaptan a la realidad de una mamá que no puede desaparecer 30 días.

Aquí entra el modelo de atención ambulatoria y a domicilio:

  • Sesiones terapéuticas programadas, presenciales o en línea, ajustadas a horarios de trabajo y cuidado del bebé.

  • Evaluación profesional de los riesgos reales del consumo y de la salud mental (ansiedad, depresión, trauma).

  • Acompañamiento a la familia para redistribuir la carga y bajar la presión en la mujer.

Este tipo de enfoque permite que la mamá reciba ayuda sin sentir que su vida se va a “romper en dos” o que será castigada por pedir apoyo.


Grupo Terapéutico Carmen Piña: una forma más humana de abordar el abuso “funcional”

En este escenario, proyectos como Grupo Terapéutico Carmen Piña se han especializado en trabajar con personas —muchas de ellas mujeres— que necesitan ayuda con el abuso de sustancias, pero no pueden ni quieren internarse. Su enfoque se centra en:

  • Tratamientos sin internamiento, desde la comodidad del hogar u oficina.

  • Evaluación de ansiedad, depresión, abuso de sustancias y codependencia, para no ver el consumo aislado de la historia emocional.

  • Un equipo profesional (psicólogas/os, psiquiatra, terapeutas, consejeros) que ofrece programas de home care híbrido y sesiones virtuales, con alcance a toda la República.

  • Trabajo con la familia completa, entendiendo que la solución no es solo “que ella deje de consumir”, sino sanar dinámicas y redistribuir la carga mental.

Para una mamá que vive bajo la presión de hacerlo todo perfecto, escuchar “no queremos encerrarte, queremos acompañarte en tu vida real” puede marcar la diferencia entre seguir sola o atreverse a dar el primer paso.


Si te sentiste identificada…

Si al leer esto pensaste: “eso me pasa”, “así vive mi hermana”, “esto es lo que vivo desde que nació mi bebé”, el mensaje más importante es: no estás sola y no eres el problema. Estás atravesando una etapa exigente, con herramientas que quizá ya no alcanzan.

Hablar con una profesional de la salud, con alguien de confianza o con un equipo especializado en abuso de sustancias sin internamiento puede ayudarte a encontrar un camino donde no tengas que elegir entre ser mamá y estar bien. Puedes ser ambas cosas: una madre presente y una mujer que se cuida, pide ayuda y construye una vida más amable consigo misma.


 
 
 

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